Llaman a la puerta otra vez. Ya va ¿Quién es?
Un capitalista disfrazado de viejo rockero.
Señor Rober Nosequé -no me acuerdo de su apellido puesto que usted esta tarde no se acordaba del nombre de Jimmy Page- un señor que pone la radio en su peluquería o cualquier negocio y por desgracia o por fortuna tiene la suerte de que suene una de sus canciones no le debe a usted un céntimo. Eso no es derecho de autor, si usted no quiere que sus canciones salgan por la radio no las comercialice, leche. Tampoco se está haciendo este señor rico a su costa, señor Rober Nosequé, si no al contrario. Usted obtiene una publicidad de escándalo gracias al humilde autónomo que ha pagado su radio y su factura de la luz, sino usted no vende un puto disco, señor Rober Nosequé. La radio es un medio de transimisión de cultura de masas. Igual que un bar no tiene que pagar una multa por tener la MTV puesta y que suene Britney Spears tampoco un peluquero la va a pagar porque suene en la radio de su local su Extremo Duro -al que desde hoy he perdido el respeto-, Ana Belén o Bisbal -a quienes ya se lo tenía perdido-.
Y otra cosa más. Dejar de tocar en casas de okupas para pasar a literato -como le llamaban hoy en la radio- sí es un paso atrás. No por lo del libro. Digo que dejar de tocar en casas okupas porque "no hay buenos medios" para que suene en plan conciertazo sí es un paso atrás. Un rockero no comprometido no es un rockero, es una pose más de tantas. Y ser un carroza que dice tacos no convierte a nadie en rockero, preferimos a Bart Simpson.
Ahí va, qué bien.
(*) Por cierto, págueme usted que con este post le hago publicidad. Qué coño.